Nunca pensé que iba a llegar el día en que podría hacer realidad mi sueño. En una realidad de pesadilla, allí estaba él, como siempre, en el tren. Pero ya solo era un zombi con corbata. Un ser que fue mi jefe: un tipo gordo, sudoroso y asqueroso, que se creía con poder para pisarlos a ellos y obligarlas a pisarlo, a ellas.
El destornillador terminó en la cuenca de su ojo derecho, giré la mano, y descorché la cara rechoncha y putrefacta que ya no maltrataría a nadie más. Cayó al suelo, su unidad de control había sido destruída. Sangre negra y vitrea manó por su rostro. Despacio. Ellos no estaban vivos. Nada bombeaba su sangre. Simplemente, se habían quedado con ella dentro de sus venas y arterias. Donde esperaba, parada, sin vida.
El tren prosiguió el movimiento, lento, hacia el final del trayecto. El suelo del interior del vagón era una masa de huesos, carne y vísceras. Todo ello, aderezado con una salsa de tomate bastante frita, de un color burdeos brillante.
Se limpió el destornillador a la ropa y lo sujetó entre los dientes mientras se dirigió a una de las ventanillas. Su cuerpo, menudo y ágil, salió sin problemas. Saltó y cayó, rodando, a la hierba que crecía al lado de las vías. Justo, un poco más allá, en la estación, hubiera dado con sus huesos sobre el hormigón de los andenes.
-¡Victoria, vamos!
Miró hacia atrás, se puso en pie y corrió hacia ellos.
Un estruendo de metal retorcido, unas explosiones. Segundos después, le llegó un olor a carne quemada.
Al correr, la herida que tenía en el antebrazo, latía.
Se ha despertado. Su mano izquierda busca su brazo y mano derecha, pero... ¡No lo encuentra! Sin casi fuerzas para mantenerse despierta, mira su mano, asciende a su antebrazo, y ve una vía que le debe de suministrar Dios sabe qué. Quiere chillar, pero no tiene voz. Sus párpados pesan. Hay alguien en la habitación, pero no es capaz de ver quién.
-Estás a salvo, Vicky. Ahora, tendrás que recuperarte. No hay rastro de infección. Llegamos a tiempo.
Gracias por leer ;)
Foto: propia y editada con Grok


