Soy una autora polifacética

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EL POZO (an Asturian version)

 

 

Aurelia Parrales, periodista local en el periódico «La Asturias que chilla», de Asturias, claro, se decidió por fin a investigar las extrañas desapariciones acontecidas en el Camping Municipal de la "Roca El Trasgu" hacía unos treinta años. 

Llegó al lugar, salió del coche, se estiró, y crujieron todas sus articulaciones porque el dolor de huesos y agarrotamiento en una zona con tanta humedad era lo común. Hacía frío, pese a ser principios de otoño, y el suelo estaba cubierto de colores dorados; de las hojas que dejaban desnudos a los árboles.

Cogió el bolso del asiento del copioto, abrochó el abrigo, cerró el coche, y avanzó rápida entre la hojarasca. Con el cambio de hora y en aquel lugar a la sombra de la inmensa roca, en breve no se vería ni delante de las propias narices. Se detuvo. Miró hacia arriba: unos apliques de cuando su abuela era pequeña colgaban de unos inmensos troncos de eucalipto asentados en la tierra.  Antiguos guías para los habitantes de un pueblo ganadero ya extinguido. Parecían guirnaldas en un árbol de navidad, con tendido eléctrico visible, de rama a rama. En algunas de las cabañas había luz. En la recepción, una señora mayor tan arrugadita como si hubiera estado al sol días seguidos sonrío con tal efusividad, que pareció que la piel se le iba a deshacer. Aurelia la saludó, sacó un papel del bolso con el número de cabaña y aún tuvo que esperar a que la ancianita se levantara de la silla.  

***

La cabaña no estaba tan mal. Después de convencer a la señora de que la elegía por ser la más apartada, pagándole el doble para que se le quitase el afán de hacerle preguntas y no irse, allí estaba; con la puerta recién abierta y estornudando a causa del polvo que se había puesto en movimiento al entrar. Hacía tiempo que nadie se hospedaba en ella, daba fe de ello. Cerró la puerta y un vacío la envolvió. Comenzó a emanar de un punto inexacto, un olor pútrido similar al de un desagüe con restos de todo lo asqueroso e imaginable, y a sus estornudos, se añadieron unas ganas de vomitar tremendas. Lo que ocasionó, que casi se ahogara. Caminó lentamente, taconeando el suelo, hasta que sus oídos percibieron el sonido hueco. Recordó la foto antigua donde se veía el pozo y su enclave. Un desprendimiento de rocas, incluida la mole que da nombre al camping, enterró todo casi en su totalidad. Se dirigió a la habitación.

Las personas temían por más desgracias y las tierras se intentaron vender a bajo precio. Así que dejaron de construirse casas en la cercanía de los acantilados, y una familia, un día, hace bastantes años, decidió invertir en los terrenos con un pequeño alojamiento rural. Tenían seis cabañas esparcidas en la subida de la montaña, y abajo en la llanura, se podían estacionar caravanas e instalarse tiendas de campaña.  

Se arrodilló y tiró de un listón de madera del suelo cortándose las manos, pero le daba igual. Un olor nauseabundo la hizo vomitar la grasosa fabada que se había comido en un bar de carretera.  Sacó una linterna del bolso del abrigo e iluminó la oscuridad. Tierra oscura, mohosa, suelta y con bichitos, que con una mano comenzó a remover. Sus dedos tocaron piedra. Se deshizo de dos tablones más y la sangre de sus manos comenzó a caer sobre la tierra. El olor desapareció, se puso la linterna en la boca, y con ellas escavó más y más.  

—Mamá... Hola. 

Allí estaba el pozo donde su madre se cayó cuando era pequeña. No habían podido localizar su cuerpo incluso una vez vaciado. La tomaron por loca, puesto que solo ella, la había visto caer. A partir de aquel hecho, fue cuando las desapariciones comenzaron a suceder. Y el pozo, quedó olvidado. Pero ella, no lo olvidó. Sabía que tenía relación. 

Salió de la habitación.  Después de terminarse el café del termo, sacó todo lo necesario de la bolsa de deporte.

To be continued... 

Gracias por pasaros.

Foto:Pexels 

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OSTARA

 


El consumismo de la Semana Santa
Después del equinoccio
Hoteles, restaurantes, posadas y bares
Ante la perspectiva de negocio,
Se frotan las manos, pues eso significa ingreso
Porque las reservas serán familiares
Aguantarán los vecinos el jolgorio
De los que seguro tanta socialización, padecerán de la garganta.
El origen: Ostana
Como es costumbre en el tiempo
De una festividad pagana
Adpotarla con falta de argumento
Llenando de brotes y flores
Iglesias y templos.
En este tiempo de renovación,
Déjense de dar sermones
Proclamen en su vez la evolución
Respeten las variaciones,
Pues no solamente existe, su religión.


Muchas gracias por pasaros y feliz descanso ;*

Foto:Pixabay. 

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FIN DE TRAYECTO

 


Nunca pensé que iba a llegar el día en que podría hacer realidad mi sueño. En una realidad de pesadilla, allí estaba él, como siempre, en el tren. Pero ya solo era un zombi con corbata. Un ser que fue mi jefe: un tipo gordo, sudoroso y asqueroso, que se creía con poder para pisarlos a ellos y obligarlas a pisarlo, a ellas.
El destornillador terminó en la cuenca de su ojo derecho, giré la mano, y descorché la cara rechoncha y putrefacta que ya no maltrataría a nadie más. Cayó al suelo, su unidad de control había sido destruída. Sangre negra y vitrea manó por su rostro. Despacio. Ellos no estaban vivos. Nada bombeaba su sangre. Simplemente,  se habían quedado con ella dentro de sus venas y arterias. Donde esperaba, parada, sin vida.

El tren prosiguió el movimiento, lento, hacia el final del trayecto. El suelo del interior del vagón era una masa de huesos, carne y vísceras. Todo ello, aderezado con una salsa de tomate bastante frita, de un color burdeos brillante.

Se limpió el destornillador a la ropa y lo sujetó entre los dientes mientras se dirigió a una de las ventanillas. Su cuerpo, menudo y ágil, salió sin problemas. Saltó y cayó, rodando, a la hierba que crecía al lado de las vías. Justo, un poco más allá, en la estación, hubiera dado con sus huesos sobre el hormigón de los andenes.

-¡Victoria, vamos!

Miró hacia atrás, se puso en pie y corrió hacia ellos.

Un estruendo de metal retorcido, unas explosiones. Segundos después, le llegó un olor a carne quemada.

Al correr, la herida que tenía en el antebrazo, latía.

Se ha despertado. Su mano izquierda busca su brazo y mano derecha, pero... ¡No lo encuentra! Sin casi fuerzas para mantenerse despierta,  mira su mano, asciende a su antebrazo, y ve una vía que le debe de suministrar Dios sabe qué. Quiere chillar, pero no tiene voz. Sus párpados pesan. Hay alguien en la habitación, pero no es capaz de ver quién.

-Estás a salvo, Vicky. Ahora, tendrás que recuperarte. No hay rastro de infección. Llegamos a tiempo.

 Gracias por leer ;)

Foto: propia y editada con Grok  

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CARNAVAL

 

Curioso.
Cuando la mayoría de la gente usa un disfraz, algunas veces para esconder lo que no es, pero lo que quiere ser, y otras, por promiscuidad, otras, idealización... Un largo etcétera. Mientras, yo, me encuentro con mi verdadera identidad. Este día, doy rienda suelta a mis instintos: en carnaval, todo es mentira. Todo se vale. Gana el mejor disfraz, el más realista.
Así que, formo parte del desfile y paseo mi penitencia.  Camino entre vosotros hacia ningún lado, como la mayoría. Admirad mi disfraz, lo que soy hoy, lo que no fui ayer y lo que muchos, quizás, seáis mañana.
¿Verdad que parezco levitar? ¿Ser intangible? No os acordáis, pero algunos me habéis visto hace más o menos tres meses. En la noche de las brujas, cuando uno a uno, fui marcándoos. 
Hoy, vengo a llevaros conmigo. A cambiar vuestros disfraces de colores a monocromo, a otorgaros el mayor anhelo que queréis: la inmortalidad.
Pero a mi manera.
En este plano desfilamos a diario. Ante un público que cuando nos ve, alza la voz o sale corriendo. Son nuestros mejores espectadores.

Gracias por pasar a leerme ;*

Foto:Pexels. 

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SEJMET

 

 

Un haz de luz ilumina la excavación. 
El cielo está rojo y los rayos amarillos se vislumbran perfectamente. Como en una tormenta de verano, cuando no hay nubes. 
El fuerte viento comienza a traer una especie de ceniza marrón hasta nuestros
rostros. Delante de la tolvanera y bamboleándose entre las dunas,
los todoterrenos de algunos compañeros avanzan enloquecidos. 
Varias personas, portadoras de plásticos y tablas, llegan hasta nosotros, que ya nos asemejamos a unas croquetas con generoso rebozado. Pequeños remolinos de polvo hacen que se nos seque la boca, que se tapone nuestra nariz y que se irriten nuestros ojos. 
Los pulmones comienzan a pesar. Dos compañeros tiran de mí. 
Los plásticos y tablas ya cubren la fosa y los incipientes huesos, pero no va a ser suficiente. De un manotazo, me suelto y corro por la ladera de la
excavación hacia uno de los vehículos. Uno de mis compañeros,
corriendo en contraria dirección, con gestos, me pregunta qué
narices estoy haciendo. No presto atención y se gira, siguiéndome. 
Llego al coche, a duras penas puedo abrir la puerta, me siento, cierro y arranco el motor. Él se sienta al lado, sobre una capa de arena que entró junto con él. Me chilla diciéndome que estoy loca, que en su parte de la excavación desapareció todo. 
Estamos ante una tormenta de fuerza descomunal
 ¡Comienza a llover! 
Acciono los limpiaparabrisas y se rompen al momento a causa de la masa color rojizo que cubre el vidrio. No tengo ni idea de por dónde voy a bajar a donde quiero. De repente, nos inclinamos hacia adelante, hacia el vacío. Y caemos. 
La defensa del coche toca la arena del fondo y con un sonido lastimero de la carrocería, se desprende. Nuestras cabezas pegan en el techo cuando las ruedas
traseras quedan a la altura de las delanteras. 
Acelero, patinan. 
¡Más despacio!, grita mi compañero no sabiendo dónde colocar las manos por si
volcamos. 
Lo hago y el coche avanza. Sigo sin ver. 
Espero no arruinar el descubrimiento del siglo: un osario, restos humanos, soldados apilados junto con sus lanzas, arcos, escudos y demás armas.
Sobresalen los huesos de un felino grande sobre ellos, con una expresión tal y como si el animal hubiera sido enterrado con vida. 
Lo descubrimos por la mañana y el cielo se tiñó de rojo sin darnos opciones, pero el servicio de avisos no detectó nada. 
Gracias a una sombrilla que me encuentro medio enterrada, calculo dónde estamos y paro el coche. 
La lluvia es roja como la sangre. 
El viento arrecia.
El coche parece querer levantarse. Dentro, nos abrazamos y cerramos
los ojos. Algo impacta contra la ventanilla. Deja una mancha carmín.
Más golpes. Algún alarido. El viento brama. 
Son unos diez minutos horribles en los que por fortuna, no salimos volando. 
Sentimos un vacío y entreabrimos los ojos. Las ventanillas están teñidas con los
colores de las puestas de sol.  
Llegó la calma.
A duras penas, abrimos las puertas. Hay como treinta centímetros más de arena
sobre el suelo.  
Y muchos bultos, como las jorobas de los camellos, como si bajo la arena hubiera un dragón. 
Bajo la misma están los cuerpos de los desobedientes, los indiferentes, los que de verdad no protegieron a Sejmet

Gracias por leerme ;).

Foto: Pixabay. 

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LA VERDAD

 

 

Bajo la luz de la luna 
 voces formadas sin
aire se escuchan 
 mostrando que el
terror no tiene nombre 
 y que asusta cuando
ves el interior vacío de una capucha. 
 Somos miedo y
despertamos monstruos
 que salen de la
tumba 
 en busca de almas
impuras, 
 a su antojo. 
 No temas si estos
versos despiertan en ti temor 
 esa fue mi intención
al escribirlos.
 Deberías saber que
casi todo transformo en letra menos el amor 
 porque ese tiene
cuatro letras y yo prefiero dar miedo.
 Mínimo cinco,
por ejemplo: temor. 
 Desde pequeña me
gusta lo oscuro, lo siniestro 
 fantasmas,
monstruos, esqueletos, espectros… 
 Llámalos como
gustes, sé que les tienes miedo. 
 Como tienen la mayoría, a
lo desconocido, 
 a lo que no ves, 
 a lo que no
entiendes, 
 cuando debieras
temerle más 
 a lo que están
haciendo nuestros dirigentes. 
 Algún día sentirás
verdadero miedo 
 y no a la oscuridad.
 A plena luz del día, 
 te escucharé
lamentar y gritar,
 pero ya será tarde:
cualquier rebeldía y modo de evitar,
 fruto de la cobardía 
 al fin, verás la
verdad. 


Muchas gracias por pasaros.

Foto: Pexels 

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MALDITA

 

Maldita.

Así estaba. Sabía que no podía enamorarse de nadie. Más bien, no debía, porque ese nadie tendría los días contados. Así, generación tras generación, desde que antaño, una bruja maldijera a una mujer de su familia. Todos huérfanos de padre biológico, y de los siguientes, si hubiere. "En extrañas circunstancias" figuraba como causa en los informes policiales.


Anabel, a sus treinta y pico años, quería formar una familia. Su reloj biológico
gritaba queriendo ser madre y ella anhelaba una estabilidad en su vida. Aunque fuese temporal.


Novios, hubo bastantes, sin que ellos tuvieran opción. Querer, vaya si quiso, amó a algunos, pero no podía hacerles daño. Y tampoco ninguno osó hacérselo a ella como para dejar que la maldición, siguiera su curso. Hasta ahora.


Sabía que tener una niña significaría seguir con la maldición. Los niños no la sufrían. ¡Pero sí sus hijas! Su madre llevaba tres maridos fallecidos. El cuarto, la tachó de loca, cuando ésta se lo contó, apartándose sin más y haciendo que ella enfermase. Porque así maldijo la bruja:  la mujer que  advirtiera sería castigada con una de las enfermedades más temidas y mortales del  mundo actual. 

Su madre tenía cáncer y una expectativa de vida de menos de medio año. Recurriría a un vientre de alquiler, una mujer lo alumbraría y no conocería al padre. Un banco de semen sería la mejor opción. Nadie saldría perjudicado. Salvo que su hija fuese una niña. Eso pensaba mientras tomaba un café. Cogió el móvil y marcó el número de teléfono de su madre. 

No respondió. Una punzada en el bajo vientre hizo que resbalase la taza de sus manos y cayese al suelo. Se rompió y derramó el líquido marrón por las baldosas. Al dolor siguió un flujo sanguinolento que arroyó por sus mulsos y goteó. Mezclándose en zonas, rojo con marrón. ¿Qué sucedía? No le tocaba la menstruación. ¡Y menos así, pareciera desangrarse!

Marcó rellamada, preocupada por su madre mientras se levantaba. Con un paño de cocina, evitó seguir manchando el suelo en su camino hacia el cuarto de baño. 

Su madre respondió. Estaba en la ducha. 

Anabel le dijo que pasaría a verla tras escuchar un “como siempre” a su pregunta
apurada de qué tal estás. 

Al colgar, las lágrimas resbalaron, silenciosas, por sus mejillas. Algo en su interior le decía, que había sido mala idea pasar el fin de semana de hacía casi dos meses con aquel compañero de trabajo llegado desde otra provincia, a más de quinientos kilómetros, para coordinar un proyecto suyo. 

Nunca en su vida había sentido tanto placer, ni había actuado, en la cama, como con él. Aquel deseo no era común en ella. 
Hablaban a veces. Era su superior. Hicieron, hacían y harían un buen equipo.

Abrió un cajón del armario del baño y sacó una prueba de embarazo de las que venden en farmacias. No era factible, pensaba, porque tomaba la píldora

Pero la eficacia es del noventa y nueve por ciento.  La hemorragia fue cesando. Esperó en el suelo del baño, sentada, con las piernas encogidas, sobre una toalla teñida de rojo. Pensó estar en una visión ajena cuando la pequeña pantalla digital del aparato le confirmó su embarazo. 

Él vendría el próximo fin de semana. El viernes a la tarde debían de presentar informes de resultados a la empresa y pensaban disfrutar el sábado el uno de la otra. 

No le diría nada.  Solo ella sabía que su vida laboral estaba destinada a acabar pronto. Por otra parte, el puesto de él sería para ella. Tendría que buscar sucesora. No debía haber otro hombre en su equipo. No quería repetir la historia de su madre.

Se incorporó con la intención de ducharse, tiró la prueba de embarazo a la pepelera. Tenía una cita.

Muchas gracias por leerme

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EL TACTO DE LAS ANIMAS


Myra, heredera caprichosa, ya había convertido a dos de sus pretendientes en estatuas. Para más inri, los había colocado uno a cada lado de su trono. 
-Venga, no te enfades, tenemos una cena pendiente. Eres tan, tan hermosa... Ese vestido realza todo tu ser. 
Ella sentía en la cara su mano; por desgracia y sobre su nariz, también el aliento putrefacto del alma atormentada. 
Subió la vista hacia arriba. El rostro que se desvanecía por momentos era elegante, bien perfilado. Siguió la mano que la tocaba y admiró sus brazos. 
-Para ser un ser intangible, tu aliento, sí se percibe. 
-¿Qué quieres? Estoy en el Purgatorio y aquí nos es difícil realizar ciertas tareas. 
Con un bufido, la joven bajó la cabeza. 
-¡A ver qué me puedes ofrecer! Ponte delante de mí. 
El ser dijo que poseía riquezas, pero no capacidad de disfrutarlas. Un país entero, sirvientes... 
-¿Y por qué estás en el Purgatorio? 
-Porque estoy pagando unas vidas. ¿De dónde crees que conseguí mi fortuna? 
-Así, que me darías un Reino entero... -La joven se muestra curiosa-.¿Cómo? 
Ve como él muestra una llave en su otra mano. 
-Bueno, vale. 
Myra hace un gesto y el ser comienza a materializarse, esculpido a capricho. Ella le observa, es como un Dios, pero... 
-Dame la llave. 
Él, confiado, se la tiende y ella hace otro gesto. Comienza el proceso y el hombre chilla cuando se convierte en piedra. 
-Este, lo quiero en mi habitación, al lado de la chimenea - informa a sus súbditos-. Hoy he conseguido tres Reinos. Me voy a acostar. Mañana tengo tres lugares para visitar y el baile durará todo el DIA. 

Gracias por visitar mi blog.

Foto: Pexels. 

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PODRE...

 

Debo de comer. Mi piel está comenzando a cuartearse. Cada vez aguanto menos mi apariencia “humana”. Y me cuesta, que las personas no se den cuenta de ello. Tengo un trabajo normal: soy administrativa en una oficina de logística y tengo que ir arreglada. Hoy en día, la apariencia, vende. Un trabajo de jornada continua, de mañanas. Por las tardes, me dedico a ir a la biblioteca, a cocinar, a estar en mi casa, a hacer deporte… Nunca estoy parada… Aunque debiera de estarlo. Por las noches, al abrigo de la oscuridad, es cuando aprovecho para salir. Vivo en una ciudad considerablemente grande, a las afueras. Cerca, estratégicamente, hay un barrio marginal. Y ahí es donde consigo mi sustento la mayoría de las veces. Hay mucho tráfico de drogas, a la vez que muchas reyertas, algunas que otras violaciones, y otro tipo de abusos… Y algún fallecido sin importancia. Hace tiempo, mucho, una maldición impidió que yo muriera. Al menos, no como lo entenderíais los humanos. Así que lo que me sucede, básicamente, es que me pudro. Por la noche escojo una víctima y absorbo su vida. Son ellos o yo. La vida es la que quise cuando estaba viva de verdad, una que no pude tener. Jugué con lo que no debía, me metí en el mundo de la oscuridad y perdí la partida. Esto es como estar en el purgatorio. Llevo años investigando cómo puedo evitarlo, porque aparte de pudrirme y oler mal, también duele. Una vez llegó a caerme la carne, a despegarse del músculo. Y no lo quiero para nadie. Descubrí, que los animales, por alguna extraña razón, no me sirven. No me regenero si me los como. Menos mal. Fue una noche de invierno en la que solo encontré en la calle a una rata de alcantarilla. Doy fe de que tienen mucho carácter. A la mañana siguiente, no pude acudir a la oficina. La mitad de mi cara estaba desértica, tirante… La imagen que me devolvía el espejo daba auténtico miedo. Y soy una mujer de esas de las que cuando te cruzas con ellas, te fuerzan a dar la vuelta al pasar a tu lado. Gracias a eso llevo años subsistiendo; a eso, y a la nefasta ley que tenemos en el país. A veces, es necesario ese alguien que haga justicia.

Gracias por pasarte.



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